EDUARDO CONTRERAS (PC): VENEZUELA, LA AGRESIÓN IMPERIALISTA

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Exposición de Eduardo Contreras en el Primer Encuentro Nacional de Solidaridad con la Revolución Bolivariana.

El presente año comenzó con una nueva agresión imperialista hacia América Latina, específicamente contra los gobiernos progresistas de la región.

Por tato resulta ser tarea principal el analizar y precisar las formas concretas que adopta esta nueva ofensiva del imperio y de las fuerzas reaccionarias internas de cada país que cumplen las tareas encomendadas por la potencia agresora.

Así será posible encontrar las formas apropiadas con las que el movimiento popular, la izquierda latinoamericana, pueda salir de posiciones defensivas y tomar la iniciativa. No basta solo con acciones dirigidas a defender lo conquistado; la tarea de las tareas es recuperar la ofensiva.

Pero esa actitud ofensiva no es la que signa el acontecer de estos primeros meses en los que el Gobierno Bolivariano de Venezuela constituye el objetivo central del gobierno norteamericano y de los gobiernos cómplices. Sin que se disimule en modo alguno que también se trata del gobierno de Nicaragua y por cierto, del gobierno de Cuba revolucionaria.

Son realidades concretas que no las oculta nadie. Ni el gobierno de ese personaje siniestro que es Donald Trump, ni los documentos del Comando Sur en los que se explica y detalla el plan de desestabilización. Realidades que constituyen el objetivo central que intenta cumplir la malhadada Organización de Estados Americanos (OEA), dirigida por el tránsfuga Luis Almagro. Un personaje deleznable al que conocimos como ministro de Relaciones Exteriores del gobierno progresista de José Mujica en Uruguay. Por ese entonces organizaba y nos invitaba a actos de apoyo a Cuba y no disimulaba su aparente simpatía por el gobierno venezolano.

Bastó la posibilidad de la secretaría general de la OEA, aquello que con razón se ha llamado “ministerio de colonias”, para que apareciera entonces el verdadero Almagro, que no es otra cosa que un agente más del gobierno norteamericano.

A estas alturas resulta indispensable señalar que, paradojalmente, al mismo tiempo que se desarrollan estas agresiones, el imperialismo norteamericano no vive sus mejores días. Muy por el contrario, su desesperado afán por mantener el control sobre los países de su área de dominación obedece también a que, dada la realidad de la correlación de fuerzas a nivel internacional, EEUU se enfrenta a la posibilidad real del término de su hegemonía.

Se agotaron los yacimientos en el Mar del Norte de los que se nutría, no aparecen nuevos yacimientos en su zona de influencia, y a la par surge el impetuoso desarrollo de China Socialista y el fortalecimiento militar de Rusia. Son potencias que constituyen amenazas serias y reales para Washington.

Por ello es necesario el petróleo venezolano y lo que lleva agredirla. Citando lo que dice Mauricio Escuela en el periódico Granma de La Habana, Cuba, el día 14 de abril, digamos que “Estados Unidos es una potencia a la deriva como no lo estuvo jamás en la historia”, y agrega que “Trump está obsesionado con China, le preocupa la hegemonía política y militar del gigante asiático en el Pacífico. Quien gobierne la gran isla mundial, Eurasia, lo hará con el mundo; eso lo sabían las clases gobernantes de las principales potencias en el pasado, en especial de Alemania, atareada en la adquisición de ese espacio vital. Hoy China con su poder económico, y Rusia con su poder militar, han equilibrado la balanza posterior a la guerra fría y eso enfurece al hombre blanco”.

En efecto, son esta correlación de fuerzas internacionales y los cambios en el mundo de hoy, los que ayudan a explicar los motivos que impulsan la ofensiva imperial en contra de los procesos populares en el continente.

Y digamos que en este contexto ha tratado también de jugar lo suyo ese conjunto de gobiernos conocido como Grupo de Lima. Era necesario contar con un instrumento de aparente legitimidad para la tarea sucia contra Venezuela. Tanto más cuanto que la OEA, a pesar de los desesperados intentos de Almagro, vio frustrados sus intentos condenatorios ante las dignas posiciones de los gobiernos del grupo ALBA. A Almagro lo apoyaron en la OEA solo los gobiernos más serviles, entre ellos el de Chile con Piñera.

El llamado Grupo de Lima no es más que otra instancia de acoso internacional contra Venezuela.

La internacionalización interesada del conflicto coloca a estos gobiernos en una posición que perjudica sus intereses económicos nacionales, además de sobreexponer sus principales figuras en política interna, como políticos subordinados  a Estados Unidos. En la formación de la instancia destacan Luis Almagro y Heraldo Muñoz, y los gobiernos que la integran han incurrido en claras violaciones al derecho internacional. El reconocimiento del señor Guaidó importa un atropello objetivo a la Convención de Viena.

A este respecto y habida cuenta de lo establecido en la Constitución Política de Chile sobre atribuciones de la Cámara de Diputados y actos del Presidente de la República, que hayan comprometido gravemente el honor y la seguridad de la nación o infringido abiertamente la Constitución y las Leyes, lo que corresponde es interponer a la brevedad una acusación constitucional contra Sebastián Piñera.

Piñera, acompañado del renegado Ampuero, su canciller, al igual que otros acólitos de Trump, estableció relaciones políticas con un individuo cualquiera que se proclamó presidente. Eso es típico de un golpe de Estado y jamás de una democracia. El gobierno de Chile ha infringido la Convención de Viena y su acción está además sancionada constitucionalmente en Chile. El Presidente está facultado para conducir las relaciones internacionales como lo establece el Art. 32 Nº 15 de la Constitución Chilena, pero no está facultado para violar la ley a su antojo por razones absolutamente políticas y contrarias al interés nacional.

En Venezuela no existe la “falta absoluta de presidente o presidenta”. Es más, en caso que lo hubiera habido, Guaidó no cumplió con convovar a una elección en 30 días. Un tiempo que él ocupó en cumplir los mandados de Trump paseándose por países a cargo de otros serviles de EEUU.

En cuando a Piñera y su canciller Ampuero, digamos finalmente que al reconocer al citado sujeto han violado además la carta de Naciones Unidas y la carta de la OEA, y otra norma específica de nuestra propia Constitución como es el Art. 7 que regula la conducta de aquellas autoridades que se atribuyen autoridades o derechos no comprendidos en la Constitución y las Leyes. Actos que el texto constitucional declara nulos. De consiguiente son nulos los reconocimientos a Guaidó y a esa señora amiga a la que han llamado “embajadora”.

La conducta de los Estados Unidos y la de los gobiernos que le obedecen, no ha tenido ni el más mínimo de conducta humanitaria como se ha pretextado. Los actuales jefes de Estado que continúan apoyando a Guaidó y condenan a Maduro se colocan al margen del derecho internacional.

Es una conducta que solo sirve para prolongar una situación extremadamente peligrosa, puesto que todo indica que la decisión norteamericana es terminar con la democracia en Venezuela aún al precio de una invasión armada. Quienes actúan involucrándose en los asuntos internos de un Estado soberano, solo sirven a los intereses de Estados Unidos y acatan, para vergüenza de nuestro país, lo dispuesto por la CIA, el Pentágono y otras entidades agresivas del imperio.

Un reconocimiento especial para los gobiernos de México y Uruguay por su invariable posición de respeto al derecho internacional, a la democracia y a la soberanía del pueblo. Ojalá en nuestro país se actuara de este modo.

Desgraciadamente, y a pesar de nuestra propia trágica experiencia del 11 de septiembre de 1973, no es nuestra realidad. No tenemos gobernantes democráticos y ello hace más necesario que nunca la movilización ciudadana en apoyo al gobierno legítimo de Venezuela y de rechazo a los golpistas.

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