Ecuador: Eugenio Espejo

 

28Francisco Javier Eugenio Santa Cruz Espejo “el más formidable agitador del Nuevo Mundo” para el historiador mexicano Carlos Pereyra, y “conciencia crítica de su época” para el filósofo ecuatoriano Samuel Guerra- nació en Quito el 21 de febrero de 1747. Su padre, Luis Santa Cruz Espejo, indio quechua de Cajamarca, Perú, ayudaba al fraile José del Rosario, médico de La Misericordia, único hospital en Quito. Su madre, la quiteña María Catalina Aldaz y Larraincar era mulata.
Médico a los 20 años de edad, graduado en leyes civiles y canónicas, escribió entre 1779 y 1781 El nuevo Luciano de Quito; Marco Porcio Catón; y La Ciencia Blancardina , obras de crítica mordaz a la ciencia quiteña y de descamado análisis al sistema educativo de entonces. En El retrato de Golilla , 1781, calificaba a Carlos III de “rey de barajas”. 
En 1783, las autoridades trataron de deshacerse de Espejo, a quien motejaban de “rencilloso, travieso, inquieto y subversivo”, designándole médico de una expedición científica a los ríos Pará y Marañón. Espejo se negó a este juego y fue arrestado. 
Dos años después, el Cabildo de Quito le pidió un instructivo para prevenir la viruela. Espejo produjo unas Reflexiones: historia de las enfermedades contagiosas , cuadro exacto de las costumbres y condiciones sanitarias de Quito y valioso aporte a la literatura científica. Atacado por médicos reaccionarios, fue a Lima en 1786, pero se quedó en Riobamba, pues los curas de la zona le pidieron refutar el Informe del alcalde y colector de impuestos reales que los acusaba de abusos a los indios. 
La Defensa de los curas de Riobamba , seguida en 1787 por Cartas riobambenses , quebró la fuerza de los latifundistas y cuestionó la estructura socio-económica de la “razón” dominadora, en frase de Guerra. Acusado de “una sangrienta y sediciosa sátira” y prendido en Riobamba, se le envió a Santa Fe de Bogotá para ser juzgado por el Virrey. 
Su estancia allí le dio una visión más global, una conciencia valorativa de lo propio y una férrea convicción de la capacidad quiteña para reformarse. Liberado de los cargos, escribió en Bogotá, 1789, su célebre Discurso sobre el establecimiento de una sociedad patriótica con el nombre de Escuela de la Concordia en Quito. Conversó con Juan Pío Montúfar, quien se interesó en los planes de Espejo y, ya en Quito, obtuvo en 1791 la dirección de la primera biblioteca pública de 40 mil volúmenes qué había pertenecido a los jesuitas expulsados. 
En noviembre del 91 ayudó a fundar la Sociedad Patriótica de Amigos del País de Quito compuesta de 25 miembros que se reunían semanalmente para discutir los problemas agrícolas, educativos, políticos y sociales y el desarrollo de las ciencias físicas y naturales. El cinco de enero de 1792 editó el primer periódico publicado en la ciudad Las Primicias de la Cultura de Quito , órgano de esa sociedad, y del que salieron siete números hasta el 29 de marzo de ese año. 
Fracasada esta tentativa de restaurar la patria optó por la estrategia de escribir acerca de la economía de Quito. En Memoria sobre el Corte de Quinas y Voto de un Ministro Togado planteó el libre comercio contra el mercantilismo centralista de la Corona. Perdida la poca fe que le quedaba en la monarquía, pensó que no había más remedio que cambiar las estructuras políticas vigentes. Escribió sermones para su hermano cura a fin de difundir estas ideas. Sé volvió activista; en las cruces de Quito amanecieron banderolas escarlatas con el lema: “Al amparo de la cruz, sed libres, conseguid la gloria y la felicidad”. Descubiertos sus planes, fue detenido el 30 de enero de 1795 e incomunicado. Puesto en libertad, murió pocos días después, a los 48 de edad, el 26 de diciembre de 1795. 
Samuel Gaena resumió así el sentido de la obra de El Precursor: 
“Espejo formuló las necesidades teóricas de la nueva clase emergente, los criollos. Éstos habían adquirido ya suficiente fundamentación para aspirar al poder político. Las guerras de Independencia, mentalizadas por los discípulos y amigos de Espejo, lograrían ese objetivo. Con ello se rompieron los esquemas monárquicos, pero no se logró plantear una nueva racionalidad como quería el genial mestizo”. 

 

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