Argentina: Eva Perón

3Nació en el pequeño pueblo Los Toldos, en la pampa argentina, provincia de Buenos Aires. Su infancia pobre, su familia trabajadora, su búsqueda insaciable de justicia social, su amor por la Patria son elementos constituyentes en la formación de su personalidad. Es discípula del pensamiento nacionalista del general Perón y de los hitos revolucionarios argentinos como la Revolución de Mayo y la gesta sanmartiniana.
Eva se puso al servicio de las necesidades, angustias y reclamos populares. “Se volvió peligrosa, agitadora, obrerista, subversiva a los ojos de la reacción”, dice el historiador Norberto Galasso. 
Evita sostenía que existía una comunidad indisoluble entre los intereses de los trabajadores, del Pueblo y de la Patria. “El problema más serio -y aun el más agraviante para el pueblo- era la explotación del hombre por el hombre y, por otra parte, la entrega constante de la Patria a la potencia extranjera…”. 
Luchó por la dignificación de la mujer. Fue artífice de la ley 13.010 que dio el derecho a voto y a ser candidatas a las mujeres, incorporando a las mujeres a la vida cívica en 1947. También logró que se anulara en el Código Civil las calificaciones injuriantes de “hijos adulterinos” e “hijos sacrílegos”. Realizó una encuesta sobre el estado de la familia trabajadora que dio lugar a que en 1954 se estableciera el divorcio vincular. 
Desde la Fundación Eva Perón trabajó efectivamente por los más pobres. Decía: “Donde hay una necesidad, hay un derecho” y afirmaba “el hambriento no puede esperar”. Diferenció el trabajo social del asistencialismo. “Cuando se hace justicia, el pueblo simplemente toma lo que es suyo”. 
“El amor no es –según la lección que yo aprendí– ni sentimentalería romántica, ni pretexto literario. El amor es darse; y ‘darse’ es dar la propia vida. Mientras no se da la propia vida cualquier cosa que uno dé es justicia. Cuando se empieza a dar la propia vida entonces recién se está haciendo una obra de amor.” 
En una intensa actividad desde las 7 de la mañana hasta altas horas de la noche, atendía por igual a los ministros y a la gente común en su despacho. Respondía las cartas que le enviaban, atendía demandas obreras, como aumentos de salario o solicitudes de puestos de trabajo, requerimientos de viviendas, mobiliarios, donaciones de juguetes y libros, remedios, ropa, alimentos, hasta la instalación de industrias. 
Muy conocida y reveladora de su vocación por los humildes es la anécdota que narra cuando ella misma, al ir en coche hacia un acto, ve en el camino a una anciana llorando en la puerta de un Banco. Se bajó del carro, entró con ella y preguntó: Señores, ¿quién de ustedes fue el hijo de puta que le dijo a esta señora ‘vuelva mañana’? 
Fundó hospitales, escuelas, colonias vacacionales. Fundó escuelas talleres para enseñar oficios. Fue la organizadora de los campeonatos de fútbol infantiles en los que participaron los niños de todo el país. Fundó albergues para mujeres pobres. 
“Yo sé que mi trabajo de ayuda social no es una solución definitiva de ningún problema. La solución será solamente la justicia social. Mi mayor aspiración es que algún día nadie me necesite”. 
Fue protagonista de la revolución del 17 de Octubre de 1945, donde inició una profunda relación con la clase trabajadora. Los trabajadores la postularon como candidata a la vicepresidencia. Lo cual fue rechazado por los sectores más conservadores del frente nacional y los grupos reaccionarios de las fuerzas armadas. Ella pronunció un histórico discurso donde anunciaba su Renunciamiento a la candidatura (22-08-51). Las causas del Renunciamiento se atribuyen a su débil estado de salud y al peligro de que su candidatura generara un quiebre en el frente nacional. Eva Perón se había manifestado a favor de armar a los obreros en defensa de la revolución. 
El odio de la oligarquía se concentró de tal forma en la figura de Evita, que al morir de cáncer, aparecieron paredes pintadas en la ciudad de Buenos Aires con el letrero “Viva el cáncer”, burlándose del dolor de todo un pueblo. Sus restos, objeto de veneración de los más humildes, habían sido embalsamados y se encontraban en el edificio de la Central de Trabajadores (CGT). Durante la dictadura que derrocó a Perón, desaparecieron su cadáver, que fue recuperado muchos años después con evidencia de haber sido mutilado y ultrajado. De ese crimen fueron responsables las fuerzas armadas traidoras a la Patria y serviles a la oligarquía. Los poderosos agraviaron su figura y aún hoy lo hacen en la historia oficial y hasta en la cinematografía hollywoodense. La han tratado de prostituta, de resentida, de cruel, de trepadora, de demagoga y autoritaria. Pero nada de lo que hacen logra borrar el amor del pueblo, para quien Evita, así como el Che en Bolivia, ha llegado a convertirse en una Santa. En los hogares más pobres no deja de encontrarse un retrato de Evita con una vela encendida. 
La esencia de su obra sigue vigente: la lucha contra el imperialismo, el fin de la explotación del hombre por el hombre, la igualdad, la justicia social, la soberanía, el amor a la Patria y al Pueblo, la reivindicación de los más débiles 
Eva está allí para recordarnos “que la oligarquía, que los mediocres, que los vendepatrias todavía no están derrotados. Desde sus guaridas asquerosas. atentan contra el pueblo y contra la libertad”. 
 
También para advertirnos: “Todos llevamos en la sangre la semilla del egoísmo que nos puede hacer enemigos del pueblo y de su causa. Es necesario aplastarla donde quiera que brote si queremos que alguna vez el mundo alcance el mediodía brillante de los pueblos, si no queremos que vuelva a caer la noche sobre su victoria”.
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