¿CHAVISMO ORIGINARIO? LECCIONES E IRONÍAS DE JUAN BARRETO

LECCIONES E IRONÍAS DE JUAN BARRETO

LECCIONES E IRONÍAS DE JUAN BARRETO


Por Franco Vielma
Hace poco el ex alcalde chavista para el Distrito Metropolitano de Caracas, Juan Barreto, invocó a la Organización de Estados Americanos (OEA) para solicitar que sea facilitado un proceso de “transición democrática” en Venezuela, para lo cual ofreció sus buenos oficios como estandarte autoproclamado de un llamado “chavismo originario”.

Palabras más, palabras menos: Barreto ofreció gentilmente su vocería y presencia política para que, en un esperado escenario de conflagración que desmantele al chavismo del poder, sea referido un momento transitorio que cuente con el respaldo del “chavismo originario” que él dice abanderar. Casi presagiando, desde su solicitud, el ocaso del chavismo en el poder, representado por el presidente Nicolás Maduro y demás integrantes del directorio en ejercicio.

Tal solicitud tuvo la inesperada -adjetivémosla así- diligente respuesta de Luis Almagro, quien de inmediato dio a reconocer la existencia de una especie de chavismo en Venezuela, que además de ser “originario”, es una línea disidente del chavismo en ejercicio del poder, que suscribe la transición varias veces proclamada por él como un aliciente para “devolver la democracia en Venezuela”, aunque sea a expensas de un golpe militar o una intervención extranjera, como ha propuesto el mismo Almagro. El sinsentido se explica solo.
¿Qué nos quiere decir Barreto?

Antes de lanzar improperios hay que colocarse en la justa dimensión de lo que quiere decir Barreto y entender las puntadas de su cuestionada solicitud.

Vayamos por partes y empecemos con Almagro: la OEA y el plan de avasallamiento del Estado-nación venezolano que iniciaría con el desmantelamiento de la Revolución Bolivariana. Afirmemos en primer lugar que tan recurrente sueño húmedo en las esferas del imperialismo, una vez hecho realidad, partiría de una fingida pluralidad política, una concertación, de partidos de ultraderecha, restos de la Mesa de Unidad Democrática y una especie de chavismo “originario”, siendo parte de ese directorio que estaría dirigiendo la “transición”.

Todo mientras ocurre, por supuesto, la “esperada” justicia, que no sería otra cosa que el desmantelamiento y detención de las estructuras del chavismo. Barreto nos quiere decir que en un escenario de transición él estaría dispuesto a colaborar en la persecución del chavismo, eso sí, “en nombre de Chávez”.

Pero en un escenario de transición, que sólo podría venir por la fuerza, es sabido que habría capas sociales que no se plegarían obedientemente a un desmantelamiento violento de la Revolución Bolivariana, lo que quiere decir que nuestro país estaría bajo la latencia de un conflicto civil, que será además una afrenta que la supuesta transición tendría que pacificar.

De esa manera, Barreto nos quiere decir que el “chavismo originario”, que él dice representar, estaría dispuesto a tan loable tarea. Al día de hoy, sólo basta recordar la historia política venezolana para imaginar cómo la derecha en el poder, con una pseudo-izquierda alineada a ella, pacificaría al que sería el bando rebelde en ese escenario.

Un hipotético socavamiento violento de la Revolución Bolivariana partiría de la acción estadounidense en primera línea, lo cual dejaría a los factores de la derecha local en una posición de office boys que jugarán roles de segundo nivel. Sin embargo, Barreto afirma que alguien como él podría ser importante, y eso es lo que nos quiere decir. Básicamente está pidiendo un nuevo empleo a gritos y quiere prestar sus buenos oficios a la Casa Blanca en sus aventuras contra Venezuela. El hombre piensa en grande. Cómo no hacerlo con esa talla de pantalones.

Sobre la crítica revolucionaria, Barreto nos está dando varias lecciones. Hay que admitirle a Barreto que tiene señalamientos muy agudos para emplear contra el directorio del chavismo. No malentiendan esto, no hay sarcasmo.

Barreto es un conocedor de la política y del poder, dado que se atragantó con él. Entiende las relaciones en la estructura de gobierno y tiene muy sonadas críticas. Pero con ellas nos envía dos mensajes.

El primero es que no hay tanta originalidad de parte de quienes comienzan siendo agudos críticos revolucionarios y que luego servilmente se ponen al servicio del imperialismo. Ya estamos hartos de ellos.

El segundo es que ha saltado la talanquera asumiendo al chavismo derrotado, y quiere que lo reciban en la otra acera.

También hay que aclarar que el mensaje que envía Barreto no es que la crítica sea mala, sólo hay que tenerle cuidado si viene de ex funcionarios de gobierno, que fueron relegados, que se han visto bajo oscuros señalamientos desde el mismo chavismo, o que se sirvieron del poder y que han querido regresar de diversas maneras sin poder lograrlo. Pues admitamos, queridos amigos, que el necesario acto de la crítica y autocrítica lamentablemente se ha vuelto un hervidero de intereses teledirigidos. Son pocas las genuinas críticas que conocemos en la esfera política que no tengan utilidades de fondo. Esa es la otra lección que el hombre nos está dando.

Barreto venía desde hace mucho como vocero crítico. Fijémonos en ese detalle, pues está muy mal que precisamente sean políticos como Barreto quienes la hagan y no otros funcionarios o miembros del directorio chavista quienes están moralmente obligados a hacerla de manera constructiva, responsable y oportuna. Por esos vacíos, Barreto nos quiere decir que alguien como él puede tomarse el atributo y abrogarse el título de alférez del “chavismo originario”.

Por otro lado, hay un detalle que nos indica Barreto: sigue en disputa el nombre del Comandante Chávez. Su ideario y su legado son pretendidos como barajitas de un álbum Panini, y hay quienes se asumen propietarios exclusivos. Aun cuando el imaginario de Chávez es una de las pocas entidades que en Venezuela son verdadero patrimonio público.

Barreto invoca la palabra “originario” y da a entender que hay un chavismo genuino y otro que es de fotocopia. Él se dice de los originales, aunque se alinee con la agenda de Almagro, en fin. Necesario es preguntarnos en este punto: ¿Qué facultó a Barreto para que sea tal cosa? ¿Un cargo que tuvo hace años? ¿Su rol en la política hace años? ¿El espíritu e ideario chavista que dice tener?

Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, tan cercanos a los orígenes del chavismo, tienen mucho que decir sobre una visión originaria del chavismo. Pero la visión identitaria, original y profunda de la subjetividad chavista va incluso mucho más allá de ellos. Expliquémoslo de manera más sencilla: una mujer en un consejo comunal haciendo una abnegada labor es chavismo originario. Un campesino dispuesto a trabajar con base a relaciones económicas solidarias es chavismo originario. Un profesional dispuesto a ir más allá de sus funciones para desempeñar un trabajo mediante su compromiso político es chavismo originario.

Entonces, Barreto quiere decirnos que la visión de chavismo originario como entidad política es secuestrable, y él asume que puede hacerlo. Asume que puede abrogársela, que puede personificarla en carne y hueso (bueno, más carne que hueso, ya sabemos). Cree que la visión original del chavismo puede patentarla sobre su nombre, y de hecho se asume como interlocutor mediante ella ante la comunidad internacional. ¿Quién lo facultó para eso?

Parece más bien que Barreto usa el enunciado de “chavismo originario” para referirse a la entelequia que ha creado sobre sí mismo. Nos quiere decir que se puede usar el nombre de Chávez para patrocinar bajas pasiones y revanchas, para intentar fracturar a su movimiento, a la fuerza política que Chávez construyó. Y eso, queridos amigos, es infame. Querer fragmentar la creación de Chávez en nombre de Chávez es infame.

Por otro lado, genera curiosidad la tan oportuna congruencia de que Barreto invoca a un “chavismo originario” y enseguida Luis Almagro lo suscribe convirtiéndolo en narrativa política de insumo para la intervención. Es decir, Barreto nos quiere decir que el “chavismo originario” que él dice representar es un insumo propagandístico, por ser un enunciado maleable, un eslogan, una creación portátil y endosable a beneficio de los enemigos del país. Secuestra el término para luego venderlo como baratija.

Sabemos que el uso de Barreto de “chavismo originario” para ofrecerlo a quienes quieren acabar con el chavismo no es una casualidad. Es una trama muy bien montada y el verdadero enemigo del chavismo, más allá de las expresiones imperiales concretas, está en el despojo de su imaginario, de su identidad, de su ideario, discurso y narrativa, pues tales cosas serían la destrucción del alma chavista. Eso no debemos permitirlo.

Finalmente, el compañero Barreto ha dado un salto largo más allá de su propia enormidad y eso hay que agradecérselo, aunque no nos guste. El hombre se ha definido, y eso, en tiempos como los que campean en la vida política venezolana, es indispensable. Es bueno que ocurra. Ha “quemado las naves”, como dice aquel famoso relato, pues ha emprendido un nuevo momento para sí en la política venezolana, una vez de que se demostrara proscrito de cargos importantes en el chavismo. Ha apostado a la llegada de la “transición”, como quien lanza los dados retando a la suerte pero considerando a la estadística y las probabilidades en la mesa.

Barreto nos quiere decir que en ciertas instancias un hombre puede decir lo que sea, hacer lo que sea, apostarle a lo que sea y a quien sea, para regresar a arengar una cuota de poder. Y eso es una lección enorme. No debemos olvidarla jamás.

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